La banda sonora de esta historia
Era un día cualquiera de un mes cualquiera. Alice estaba en casa sola, escuchaba, como siempre, a Leonard, que desde hacía tiempo, se había convertido en parte de su Albanta. Fumaba un cigarrillo mientra bailaba en mitad de la cocina, utilizando el cristal del horno para mirarse. Una nueva canción comenzó y Alice se tumbó en el sofá para saborear "Dance me to the end of love".
Sonó el teléfono y Alice lo descolgó sin decir una palabra porque ya sabía quien era. Al otro lado la voz dijo... "abre la puerta y desnúdate". Primero se le dibujó una dulce sonrisa en su rostro pero los labios fueron cambiando de posición, hasta mostrar más deseo que otra cosa. Ella, siempre obediente, hizo lo que tenía que hacer: se quitó la falda, se desabrochó la blusa, bajó sus braguitas hasta los tobillos y esperó.
Tenía los ojos entornados cuando escuchó ruido en su casa. El ya estaba allí, así que ella movió sus caderas, como quien se frota la manos, esperando un premio. Pero cuando abrió los ojos, se dio cuenta que esa persona no era quien tenía que ser. El tipo la miraba fijamente, como esperando algo. Entonces volvió a sonar el móvil y Alice contestó. "dejate llevar, dejate llevar y dáselo", fue lo que escuchó. Su respiración se aceleró, sentía miedo pero quería cumplir la orden, y esa sensación de sumisión, le provocaba un terrible placer.
El tipo con el que compartía salón, la conocía, la había mirado cien veces con deseo y ahora, al fin, la tenía. Alice se dejó llevar y aunque pensó en viajar a otros mundos, se ordenó a ella misma no dejar de mirar. El hombre se acercó probandola con un dedo. Con la otra mano se desabrochaba el pantalón hablando entre dientes...
"mmmm nena, dicen por ahi que eres buena con la boca".Alice se arrodilló sabiendo, exactamente, a qué se refería.
Y es que, si Alice quiere, puede estar horas dedicándose a ese menester, siempre y cuando haya música. Cada canción le inspira un ritmo, un movimiento, por lo que cada uno de esos momentos es un baile singular y diferente. Ella se esforzó al máximo, en un intento de que aquel amigo improvisado se fuera al séptimo cielo cuanto antes. Solo cinco minutos tardó en conseguirlo... aquel hombre jadeaba muy fuerte y Alice cerro los ojos un segundo y... se despertó.
Todo había sido un sueño... una vez más, abrió los ojos y allí estaba él, su amante, contemplandola fijamente. Sonó el teléfono pero, esta vez, Alice no contestó, no hacía falta. El se acercó, probandola con un dedo y... ya sabeis lo que sucedió, pero esta vez, sin prisa... sin ninguna prisa.



